
Ayer, en la gustada sección "Mercado de lágrimas" que se ha vuelto la hora de la comida en este hogar, tuvo lugar una de las escenas más dramáticas que he presenciado: se le sirvieron de comer al niño de esta casa unas suculentas albóndigas caseras elaboradas amorosamente por la señora madre del niño.
Las albóndigas tenían un delicioso aroma que invadía la casa. El drama comenzó cuando la mamá del niño lo recogió en la escuela:
-¿Que hay de comer hoy?- preguntó el niño con un ligero sonsonete que siempre indica una completa decepción por la respuesta que aún no conoce.
- Unas ricas albóndigas con arroz rojo y frijolitos- contesta la mamá del niño, ingenuamente expectante y algo entusiasta pensando que, esta vez, las cosas podrían ser distintas.
- ¡Asco!- responde el niño, desplegando su correspondiente mueca nauseosa, cruzando los brazos y revolcándose cual anélido invertebrado (o sea, lombriz de tierra).
La mamá del niño es paciente. Conoce a su gente. Pero hay veces, como hoy, que se encuentra en sus cinco minutos de hartazgo.
Los preliminares de la comida son habituales. Lavarse las manos, subir las mochilas, poner las loncheras en la cocina. Habitual también es la oposición del niño y su mueca de asco. Sorpresiva, sin embargo, es la reacción de la mamá del niño.
- Te comerás todo lo que te sirvo. Si no lo haces, cenarás el mismo plato que tienes enfrente. Si no lo cenas, lo desayunarás.
El niño conoce a su mamá y, por supuesto, no cree una sola palabra de lo que ésta le ha dicho.
-No lo quiero, sabe horrible, parece que tiene zanahoría, lo que tiene adentro sabe espantoso, lo quiero escupir...
El plato se va directo al refrigerador.
Durante la tarde, el niño pide jugoooo, pide galletas, pide cereal. ¡Tiene hambre!... Nada. Hoy no habrá nada para él. Hoy es un día histórico, es el día de la "batalla de la albóndiga". ¿Quién ganará este pleito sin precedentes en la familia del "chamaco anélido"?
La hora de la cena. El plato de albóndigas está servido. El niño- gusano se retuerce.
-¡No quiero! ¿Por qué eres tan mala? ¡Quiero otra mamá!
- Ni tendrás otra mamá, y te pondré esas albóndigas enfrente hasta que tengas tantísima hambre que no te quede de otra más que comerlas.
- ¡No las comeré! ¡Ya no te quiero!
Grito desesperado y carrera larga hacia su cuarto donde se acuesta, sin haber comido absolutamente nada.
La mamá del niño se angustia. Pero sabe que no puede claudicar. Ganará esa batalla y le enseñará una lección al retoño.
Pesadillas. Quiero un jugo. "No comeré las albóndigas" murmuraba entre sueños el pobre chamaco incomprendido.
Desayuno. Hot cakes. El plato preferido del contrincante chamaco. ¡Huelen delicioso! ¡Quiero unos!.
Su madre, con una sonrisa inocente, remata. "Para tí, hay albóndigas".
El niño, doblegado por el hambre, responde: " Si me como las albóndigas ¿Puedo comer hot cakes?".
- Puedes- Dice la madre en tono magnánimo.
Y así fue, como la señora que aquí escribe, ganó "La batalla de la albóndiga de jitomatitas"
¡Híjole! ¡Qué orgullosa estoy de mí misma!
Besitos para mí, con mucho amor.