martes, 4 de marzo de 2008

10 cosas con las que fantaseo a diario


Siguiendo con las listas, aquí va mi segunda.

Son las cosas que fantaseo casi a diario, cuyas probabilidades de ocurrencia son muy bajas.

Aquí va:

1.- Sacarme el Melate (Lotería, lotto, etc.)O sea, convertirme en millonaria al instante.

2.- Conversar (y besar ¿porqué no?) con el Sex God # 1 George Clooney.

3.- Tener una Toyota Rav 4 color azul.

4.- Gerardo en la mesa diciendo "Qué rico mamá, me comeré TODO lo que me sirvas"

5.- Paulina diciendo: "No te preocupes mamá, mis problemas en la escuela son parte de la historia".

6.- Tener un vientre completamente plano. Nada que ver con el pedazo de pellejo que me quedó producto de mis embarazos.

7.- Usar un bikini color coral en la playa. (Por supesto sin panza y con mi propia casa en la playa, jeje).

8.- Ir a psicoanálisis con Irvin D. Yalom. Volar dos veces por semana a San Francisco y hacerlo pronto, antes de que el pobre señor se muera de viejito.

9.- Una hermosa huerta de árboles frutales en mi casa.

10.- Dedicarme a estudiar.


Total. Soñar no cuesta nada

lunes, 3 de marzo de 2008

10 cosas, 40 años

Siguiendo a mi amigo Miguel, planteo aquí la lista de cosas que me gustaría hacer antes de cumplir 40 años. Falta muy poco, así que me apuro a escribirla:

1.- Vivir de mis proyectos personales.
2.- Escribir 5 cuentos que me dejen satisfecha.
3.- Conocer Nueva York.
4.- Conocer Londres.
5.- Titularme de la maestría.
6.- Organizar una fiesta ochentera muy padriuris para mis cuarenta primaveras, con mariachi y todo.
7.- Tener el pelo a la mitad de la cintura.
8.- Dejar de preocuparme por las etiquetas sociales y vivir la vida como quiero.
9.- Ser la mejor madre, profesionista, escritora y mujer que pueda ser.
10.- Tirarme de un paracaídas.

Algunas están más cerca que otras. Lo que creo lograr a muy corto plazo es el tamaño del pelo. Pero creo que plantear estas diez cosas ha sido un buen ejercicio para mi.

Me ha enseñado que necesito mucha claridad en mis objetivos.

¿Cuáles son sus 10?

domingo, 24 de febrero de 2008

Las películas que somos

Fin de semana de Oscars. En la onda de la "Award season", encontré este test en un sitio de internet.

Esta es la película que, de acuerdo al sitio, sería su servidora.

Ni la he visto, jeje.




Y ustedes ¿Qué película son?

No dejen de compartir...

viernes, 15 de febrero de 2008

Las voces de mi parque

Lentamente abro la puerta cobriza de metal pesado y grueso, herencia de los anteriores dueños de la casa. Nunca me gustó esa puerta. Sin embargo, no me atrevo a cambiarla porque inevitablemente me recuerda su impacto inicial y el mundo que descubrí la primera vez que atravesé su umbral.
La urgencia de los niños apresura mi movimiento. Empujo para abrirla (es muy pesada y se atora en el piso) y después de dos fuertes golpes, da de sí.
El parque se extiende ante mí como una gran masa de colores amarillos y ocres. Cuando lo conocí, sus colores eran distintos: verde en el pasto y las hojas de los pinos y negro en las orillas. En ese momento, la larga hierba me recordó a un muchacho rebelde que no quiere cortar su extensa cabellera, y que, cuando lo hace, vuelve a crecer casi de inmediato. ‘Mi parque es un adolescente’ pensé en aquel entonces sin sospechar que ese lugar se convertiría en muchas personas más.
Los niños parten a sus rincones favoritos: Paulina corre a la barda con las flores en forma de arete; Gerardo, con pelota en mano, se dirige a la cancha de baloncesto. El parque es suyo también. Suyo para jugar y pelear. Suyo para demandar mi mirada y aprobación con un gesto ensayado toda la vida. Es nuestro para perdernos y encontrarnos.

Acomodada en la desvencijada banca verde en la que suelo sentarme y a la que he decretado mía con una posesividad casi infantil, el viento revuelve mi pelo y altera el improvisado orden que le di antes de salir. Con una especie de radar interno trato de encontrar a los niños. Están en la orilla del parque, donde el pasto crece más grande, junto a la reja negra. Hershey, mi labrador chocolate, los pastorea al tiempo que encuentra una botella de refresco que dejó tirada alguno de los muchachos que jugaban fútbol unos minutos antes. Corre con la botella ignorando los llamados de los niños que le gritan para que recoja su pelota.
Alrededor de la banca que tiene mi forma, se encuentran pilas de hojas secas. Es muy probable que el dueño de la casa que da a esa parte del parque (al que seguramente no le gusta que me haya adueñado de la banca) hizo esos montones para recogerlos después. Me gusta pisarlos antes de sentarme. Imagino que me dan la bienvenida con el crujiente gemido que emiten al aplastarlos, como un amante frente al beso anhelado. Por un momento me invade el impulso de revolcarme en ellos. Me detengo, sin embargo. Imagino que ese parque viejo, disfrazado de ocre, cuyos árboles huelen a madera agria, me desaprueba desde los follajes amarillos y resecos, como un abuelo regañón que se enoja con el ruido de la risa.
Los niños se acercan desde el extremo de nuestro gran parque donde dibujaban claves secretas en el la banqueta. Traen ramas secas en las manos que les quedaron negras después de jugar con los restos de la fogata que los scouts hicieron el sábado pasado en el extremo izquierdo de la barda blanca llena de graffiti. Hershey los sigue sin soltar su botella casi destrozada a estas alturas. Quieren construir una casa para que duerman las palomas. Hace mucho frío en las noches. Mis niños son arquitectos de los sueños de las palomas. Las que ensucian el parque y que llenan las canastas de baloncesto, las porterías y los árboles con la dureza de sus excrementos.
Hershey, los niños y yo llevamos una parte del parque de regreso a la casa. Cargamos la hierba seca y amarilla adherida a nuestros zapatos, a nuestra ropa. Como si el parque-abuelo quisiera que lo recordemos aún cuando no estamos ahí. Como si peleara el olvido del frío y la resequedad dejando un poco de sí en mi familia. Es viejo. Necesita contar su historia. Lo hace a través de hierbajos inútiles que el viento se lleva al sacudirlos. ¡Qué triste parece en su grandeza este parque solitario! No hay niños que lo despierten con su risa y sus juegos. No hay parejas que lo calienten con sus furtivas caricias. Con la sutil tristeza que siempre me invade cuando lo dejo, jalo la gran puerta de metal cobrizo que se niega a cerrarse, quizá sacudida también por la nostalgia del que queda tras ella.


El trinar de los pájaros llega a mi cama a través de la humedad de la mañana. Abro lentamente los ojos que cargan una noche de insomnio. Me visto rápidamente y salgo en silencio para no despertar a los niños acurrucados y calientes en sus camas. Mi silencio no engaña a Hershey, que me mira atenta con las orejas levantadas. Casi a oscuras bajo las escaleras y atravieso la puerta del parque, con mi perra como única compañía.
El cielo es gris en este húmedo amanecer. La banqueta que rodea el parque, por donde camino a diario, se encuentra salpicada de la lluvia que cayó anoche y que otorga un extraño brillo al pasto cuando refleja la luz de los faroles todavía prendidos. Lanzo a la perra su pelota que me pide con fuertes movimientos de cola. El pasto es largo y muy verde, como cuando lo conocí. Adolescente y agitador. Hershey se pierde en él, sedienta de su tacto.
Camino rápidamente al tiempo que evito las pequeñas ramas que han caído de los árboles. Existe una sutil rebeldía en este parque. Se niega a mantenerse limpio. Su desorden me gusta, me llama. Me invita a perderme en sus caminos guardada sólo por mis pensamientos y sus ruidos. Mojarme desnuda en la hierba, perfumada en su aroma. Sin demandas que resolver. Sin refrigerios que preparar. Sin trabajos que calificar. Sin platos que lavar.
El tiempo apremia. Hershey corre por el parque. Busca la pelota que el joven parque no le dejará llevarse, como sucede siempre con las pelotas. Las atrapa y guarda en su enorme pelo, para entretenerse cuando nadie lo visita y la soledad lo abruma. A veces dejo que se las quede sin buscarlas. Me seduce lo clandestino de su conducta. Además, los jóvenes necesitan divertirse.
Entro a la casa después de dejar mi pequeño tributo. Pienso que es la época en que unos extraños bichitos se reproducen en los árboles del parque. Mis hijos los llaman wilis. En una ocasión Paulina me preguntó si podíamos tenerlos como mascotas. El parque sonrió, cómplice ante la demanda de mi hija. Quiere entrar a mí casa nuevamente. Secarse la lluvia. Reproducirse en mis pisos.
Como madre de un adolescente me resigno por ahora. El piso de mi cocina está lleno de lodo y humedad que Hershey y yo trajimos de nuestra caminata diaria.
Así son los muchachos. Todo lo ensucian.

miércoles, 13 de febrero de 2008

Ay señora...esos amiguitos

Viviana Psicóloga hace 13 años hablando con una mamá en estado de pasmo y cara de no entiendo nada: "Señora, el reglamento de la escuela prohibe que los niños traigan tamagotchis. Comprenda por favor que este tipo de juguetes no fomentan la creatividad de los niños, únicamente crean situaciones compulsivas que después es muy difícil manejar en el salón de clases. Recuerde la importancia de los límites. Los niños necesitan ciertas restricciones y ver a los padres como figuras de autoridad. Si su hijo vuelve a traer ese juguete (al que llama su amigo) se le retirará y devolverá hasta final de año..."



Viviana, mamá de Paulina, trece años después a la salida de la escuela hablando con la maestra de su hija y con cara de pasmo: "Señora, el reglamento de la escuela prohibe que los niños traigan tamagotchis. Sabemos que los niños a veces hacen las cosas a escondidas. Pero es importante que tengan más supervisión. Por lo pronto, ese amiguito se quedará en la escuela y se le devolverá a la niña a final del mes..."


Assshhhh. Las perspectivas que da la vida de repente...

sábado, 9 de febrero de 2008

Sin tantita pena


¿Qué sucede cuando un grupo de 10 señoras cuasi cuarentonas se suben en un auto sardina apretujando todo lo que es posible aplastar de la anatomía?

Sucede que Alejandro Férnandez está en el Auditorio Nacional.

La anticipación es mucha. Tenemos los boletos hace dos meses. Nos subimos a la camioneta y nos dirigimos hacia el concierto con los nervios de punta.

Todas vamos muy guapetonas y arregladas como si nos fueran a presentar a Alejandro en persona. Muchas de las mujeres (montones y montones de mujeres) van igual que nosotras. Como si albergaran el oculto deseo de parirle su próximo hijo al "potrillo".

Los gritos y chiflidos no se callan durante todo el concierto. Cualquier duda que haya tenido antes acerca de su calidad de artista se esfumó al escucharlo cantar tres horas seguidas, con la misma voz de principio a fin.

Presentó a su mamá y me uní al coro de " suegra, suegra" que el gran colectivo femenino gritaba por encima de la música.

Y sí. Era yo la loca desquiciada que desde el balcón más alto del Auditorio gritaba como una imbécil "¡Alejandroooo! ¡Soy yooo! ¡Aquí estooooy!" ¡Háganme el favor! Verdaderamente perdí el juicio.

Y es que el hombre es un muñeco y lo que sigue. Es sexy, guapo, con una voz divina. Sus canciones me encantan. TODAS parece que me las canta a mí. Especialmente "Canta corazón" y "Me dedique a perderte" Guau.

El concierto terminó y el grupo de cuasi cuarentonas- adolescentes nos subimos en el auto sardina, extasiadas y maravilladas. Algunas en un momento de franco delirio, pensaron que una camioneta enorme que nos encontramos rodeada de guaruras era el coche de Alejandro. Varias gritaron "Síguelaaaa" pero la chofer como que se apasguató y no supo que hacer.
¿Sería verdad? ¿Era Alejandro en su camioneta? Nunca lo sabremos...

La velada terminó con el consumo de unos taquitos al pastor en la zona norte de la ciudad conocida como Satélite, en los "tacos de Arnulfo". El cierre perfecto de una noche de música y de relajo entre amigas.

Aquí, el novio de todas presumiendo un cuerpo de concurso...













viernes, 1 de febrero de 2008

El cumpleaños del blooo


Hoy mi blog cumple un año. La primera entrada que escribí fue un homenaje a mi amiga Isabel que, hace un año, cumpliría 38 años. Hoy 39.


Este blog también comparte cumpleaños con mi hermano que anda esquiando en algún impronunciable lugar de Estados Unidos. Espero que regrese de una pieza para poder darle su abrazo.


Cuando comencé este ejercicio de "bloguear" jamás imaginé que llegaría a conocer a tanta gente y que se abrirían ante mí tantos mundos.


Mi amigo Miguel prácticamente me empujó a hacerlo y le estoy profundamentamente agradecida. Lo que inició como una especie de catarsis se ha convertido en el diario íntimo (jaja) más divertido que he tenido.


Gracias Miguel y gracias a ustedes que me leen. Saberse leído es una sensación poderosa, nueva para mí. Me está gustando y seguiré "practicando" todas estas tonterías que se me ocurren.

martes, 29 de enero de 2008

Fobia a los papeles


¿Tendrá algún nombre la fobia a los papeles? ¿Papirofobia, quizá?...


Confieso tenerla. Cuando busco un papel, me altero de los nervios. Lo he intentado todo, pero esta reacción de ansiedad me ataca irremediablemente. Siempre respiro profundo repitiendo el mantra "en algún lugar debe de estar, en algún lugar debe de estar" ... por lo regular, el mantra sólo sirve para enojarme más. Nunca encuentro el papel que estoy buscando.

Es la ley de Murphy. Normalmente el mentado papel lo encuentro días después de que lo necesitaba. A menudo en los lugares menos comunes. La alacena, debajo de la cama de alguno de mis hijos o al fondo de mi closet metido en algún zapato.


¡Qué razón tenía la cretina de la orientadora vocacional de mi escuela cuando me recomendó que por ningún motivo estudiara archivonomía!

El orden en los papeles, documentos, archivos y demás asuntos, es algo que no me implantaron en el disco duro. Tengo 1200 mensajes en la bandeja de entrada de mi correo electrónico. Soy incapaz de discernir algún tipo de sistema que me permita bajar ese horrible número. Total, todos los días llegan nuevos ¿para qué los ordeno?

Me pasa igual con los papeles. Todos los colocó en un solo montón que adquiere las dimensiones de la pirámide del sol. En ese montón puede haber de todo. Recibos, cartas, papeles de la escuela de mis hijos, vouchers de tarjeta de crédito, notas de la tintorería, pañuelos no muy limpios, el ticket de la tortillería, el cupón del cereal, mis ejercicios del taller de escritura...

Como es de esperar, ese gran cúmulo de papeles me harta. ¿Y qué hago? Empiezo a tirar. El problema nuevamente es el discernimiento. He llegado a tirar (distraida y fastidiada de tanto papel) cosas que son importantes. Cómo creo que ha sucedido con el particular grupo de papeles que he buscado toda la semana.

No pude haberlos tirado ¿O sí?. Voy a buscar en el refrigerador, a ver si de casualidad ahí los encuentro...