martes, 13 de febrero de 2007

Mis Amigas

No tengo muchas, pero las que tengo son de a de veras. A algunas las conozco desde siempre, a otras de menos tiempo. Pero todas, todas son mujeres realmente especiales que me honran con su amistad. Y es en esta crisis por la que ahora paso, donde todas y cada una de ellas me han demostrado su cariño de una manera tan generosa que me abruma y muchas veces me hace llorar.

Como fue el día de la amistad, al margen de todos esos horrores de corazoncitos que se ven en la calle, quise brindarles algo que les muestre mi cariño y agradecimiento.

Próximamente hablaré un poco más de cada una de ellas. Pero en esta ocasión, haré una breve introducción de todas. Y como soy salomónica y el cariño es por igual, ahí van... en estricto orden alfabético.







- C A R L A: "Cuevsa" le digo desde la secundaria. Ella a su vez me dice "Güigua", surgido también de nuestra época de estudiantes, cuando nadie se llamaba por su nombre si no por una serie de apodos derivados quien sabe de que juegos de palabras. Es la única amiga que conservo de aquellos tiempos de escuela. Con ella compartí uno de los momentos mas divertidos de mi vida, estábamos juntas en la estudiantina. Íbamos a las noches coloniales y con nuestro diminuto uniforme escuchábamos a los tunos de "La Salle", donde después ella estudiaría y se convertiría en Química. Éramos compañeras de banca en el último año de la prepa, y pasábamos lista en las clases del "Chulin", nuestro maestro de Derecho, que ni eso podía hacer por él mismo. Por azares del destino, nos casamos con dos amigos. Nuestra amistad sobrevivió también a esos avatares matrimoniales. Es dulce y paciente. Tiene un exterior reservado, pero trae la música por dentro. Es intensa, pero muy controlada. Sus hijos son unos niños encantadores, cada uno exactamente un año más chico que los míos. Con ella podría formar "el club de las suegras infernales". Anduvimos distantes un tiempo, pero el dolor de la muerte de Isabel nos reunió, y pudimos consolarnos mutuamente. Desde entonces estamos juntas otra vez, como las amigas que siempre fuimos.




- D I O H E M A: Hemos vivido muchas cosas juntas. La carrera, la tesis, los seminarios. Hasta fue mi jefa en alguna época. Nuestra amistad es un ejemplo de como se pueden trascender las diferencias y las ideologías cuando hay cariño de verdad. La admiro, porque a parte de ser muy inteligente, es una mujer congruente. Sus actos siempre están respaldados por sus pensamientos y eso es algo muy difícil de encontrar en estos tiempos de tanta ambigüedad. Durante el tiempo que trabajamos y estudiamos juntas, pasamos interminables horas atoradas en el tráfico del periférico de regreso a la hermana república de satélite, contándonos historias de vida, muy bien sazonadas con nuestros recién adquiridos conocimientos de la jerga psicoanalítica. Es trabajadora y la forma en la que puede estar concentrada en tantas cosas al mismo tiempo es un misterio para mí mente concreta y distraida, que a la fecha no he podido descifrar y, que además secretamente envidio (pero envidia de la buena ehh?). Es una mujer que se ha hecho a sí misma, que se ha abierto caminos con su inteligencia y claridad. Es una Humanista, en toda la extensión de la palabra. Su integridad la ha puesto siempre en el camino correcto. A pesar de todas las cosas que hace, siempre está pendiente de mí, de lo que me pasa y de lo que les pasa a mis hijos, a quienes quiere más que una tía. Gracias, Diohem, por todo.





- M A R C E L A: "Mi prima y comadre por ambas vías" . Y es que de verdad somos comadres...en todos los sentidos de la palabra. Platicamos mucho. De hecho platicamos todo el día. Cuando dejamos a las niñas en la escuela, durante la natación, y horas en las tardes por teléfono. También, muchos de los tiempos en medio de todas las cosas que acabo de decir. El buen Alejandro, su esposo, dice que nos saldría más barato dejar la linea telefónica abierta....¿Será?. Sus hijas son las niñas más pericas que conozco y me muero de la risa cuando las oigo, heredaron su simpatía y su ingenio. Ella dice que son como Paty Chapoy; yo pienso que todas las mujeres tenemos algo de comadres desde niñas, como las hijas de Marcela y mi hija Paulina. Marcela es una de las personas más prácticas con las que me he topado, además de que es sumamente tenaz. Digamos que donde pone el ojo, pone la bala. No se que hubiera hecho sin ella en estos últimos meses. Siempre le estaré agradecida por su escucha incondicional. De ella aprendí que uno debe perseguir siempre la felicidad. Gracias prima. ¿A dónde nos vamos a desayunar mañana?




-M A R Í A I N É S (M A I N É): Desde la universidad nos unieron el amor a la clínica y al psicoanalísis. Hace unos años comparto con ella uno de los espacios mas sagrados para mí (Si, la palabra es sagrado) : nuestro taller de literatura. En donde también he llegado a conocer a su mamá como una compañera cálida y generosa, que me explica en mucha medida el gran talento y el mundo interno tan rico que tiene mi amiga. El nombre de Mainé lo tomamos prestado de la rúbrica que usa María Inés para firmar sus cuadros. Aunque ella es muy modesta, su habilidad como pintora me conmueve. Sus pinturas están llenas de pasión. Y eso es lo que caracteriza a Mainé: la pasión y optimismo por la vida. Su cuerpo le ha jugado malas pasadas. Pero su espíritu de lucha la ha mantenido montada en el barco de la vida, viviéndola. Como testimonio de ello están sus dos hermosas hijas, triunfantes estandartes del entusiasmo de su madre. Ella también me dice Güigua, nombre que me remite siempre a mi cada vez más lejana adolescencia. Y como tomamos clases juntas, nos ponemos un poco adolescentes; riéndonos, pateándonos por debajo de la mesa cuando alguna de nuestras compañeras se pone de cretina. ¿Qué burrada escucharemos el viernes Mainé?.




-R O M M Y: Conocí a Rommy en el primer semestre de la carrera, y nos hicimos amigas al instante. Estudiamos juntas dos años hasta que ella tomo la decisión de regresar a Mérida a terminar la licenciatura. A pesar de la distancia, nuestra amistad permaneció y creció junto con nosotras. Ayer recordábamos las tardes de estudio en casa de su mamá, cuando íbamos a cambiar el mundo y hablábamos de quien sabe cuanta cosa...mientras nos fumábamos cajetillas de cigarros y tomábamos litros de café, aprovechando cualquier oportunidad para ir al cine. Hablábamos de ese tiempo con nostalgia. No había hijos, esposos, ni complicaciones: sólo un par de aspirantes a psicológas cuestionando todo lo que las rodeaba. Creo que lo valioso de nuestra amistad, es que a pesar de que podemos ponernos nostálgicas, no hemos dejado de compartir la actualidad de nuestras vidas. Debemos de agradecer al internet la cotidianidad que tenemos ahora. Pero incluso antes de incursionar en el cyber espacio, existía el teléfono donde hablábamos mucho y nos poníamos al día de lo que pasaba. Rommy es inteligente, responsable y perseverante. Es muy perceptiva, y se da cuenta de las cosas sutiles que la rodean. Es también una mamá devota y conectada. A veinte años de iniciada nuestra amistad, apenas estamos tomando el segundo aire.




- V I V I A N: Mi cuasi tocaya es la única amiga del alma que he conocido en algún lugar de trabajo. Nos decimos mutuamente "Miss" en recuerdo de esos años trabajando en la escuela. Recuerdo las horas que pasábamos frente a la computadora, disfrazando de "aleccionador" nuestro sadismo, haciendo exámenes de psicología en los bimestres que los clones habían sido particularmente "encantadores". En nuestras vidas coinciden muchas cosas, empezando por el nombre (el de ella es más corto porque es más chaparrita, jeje) pasando por fechas e historias familiares. Es una de las personas con las que más me rio. Tiene un sentido del humor ácido y puntual, y las frases que inventa me doblan de la risa. Es una sobreviviente, y ha logrado hacerlo con gracia y magnetismo, que no es poca cosa. Fuimos compañeras de embarazo, y eso nos hermanó todavía más, especialmente en nuestra complicidad al devorar bolsas y bolsas de cazares con miguelito con aquellas panzas que apenas podían salir de los escritorios. Ahora Allan y Gerardo son amigos por derecho propio, y eso me llena de alegría al mismo tiempo que me enseña que hay personas con las que se comparte el karma (si es que existe), y una de las mejores para compartirlo es la missy.

Chicas, me siento honrada de tenerlas como amigas. Algo bueno debo de haber hecho en la vida para que ustedes estén en ella. Gracias por su apoyo incondicional, saben que lo aprecio y lo agradezco. Y sobre todo, gracias por formar parte de mi historia... y de mi presente.
Viviana

jueves, 8 de febrero de 2007

¿Qué pasa en la noche?


Hace unos años la noche era fácil. La usaba para dormir. Ahora la uso para soñar...y mis ojeras me delatan.

No sé exactamente cuando el insomnio se adueñó de mí. Antes dormía toda la noche y no oía el despertador...ahora cualquier cosa me despierta. Desde Gerardo que se mete a mí cama en las noches, como gusanito escurridizo haciéndose un espacio a fuerza de arrastrarse, hasta la tos más leve de Paulina, pasando por la Hershey que se mueve en el sillón que ya adoptó como cama.

Dejé de dormir cuando nacieron mis hijos. Cualquier mamá sabe de las levantadas, los pañales, las mamilas, las gripas, los vómitos, las pipis (a veces las popos), las pesadillas, los miedos, los fríos y una lista interminable de etcéteras que ahora no recuerdo, probablemente porque la falta de sueño me está afectando un poco la memoria.

Y cómo empezó desde entonces, últimamente he llegado a pensar que el insomnio es ahora como la música del diez veinte... llegó para quedarse. Y como ya lo intenté todo y nada termina de funcionar, decidí desde hace tiempo que esas horas que paso sin dormir, rodeada del silencio que no tengo durante el día, las voy a usar para soñar.

Soñarme
distinta, en otra piel y en otro tiempo. Tengo ahora ese horizonte. A veces me asustó y lloro mucho. En otras, recuerdo y me río. Pero siempre, siempre cierro los ojos y voy hacia adentro. No necesito dormir para soñar, ahora lo sé.

Y mientras este universo se abre para mí, no puedo dejar de preguntarme ¿Qué me depara este nuevo momento? ¿Dónde y cómo voy a estar, digamos, en un año?

No lo sé, pero mientras... seguiré soñando.