miércoles, 31 de enero de 2007

Feliz cumpleaños Chagüela




No puedo decir que fui amiga de Isabel desde siempre... pero sí que la conocí desde que éramos niñas. Y como no recordarla. Era la pianista principal de los recitales de la Miss Samper, espantosa maestra de música a la que apodábamos "el perro" porque como que ladraba al hablar. Ahí estaba Isabel, tocando una música que me parecía bellísima y que no sabía como se llamaba, sólo que me ponía contenta, con ganas de bailar, o triste con una bola en la panza.

Fue una niña privilegiada. Hija única de inmigrantes europeos, desde pequeña estuvo rodeada de cosas bellas. Entre ellas, lo que a mí me parecían montones y montones de cuadros de una artista, por entonces desconocida, y que después llegaría a ser un pilar de la plástica nacional, promovida principalmente por el papá de Isabel: Remedios Varo.

En su casa se hablaba alemán y francés. Ella en la escuela hablaba español e inglés. Yo la veía desde lejos. Pertenecía a un mundo de libros y música que yo secretamente admiraba. Mientras ella se peleaba con Debussy, yo aprendía a jugar al tute...y a los albures, viuda, pula, canasta, siete loco, burro castigado, poker (para los no conocedores, todos juegos de cartas) que mi mamá nos enseñaba concienzudamente en cada rato libre que teníamos.

No fue sino hasta el último año de prepa cuando ambas fuimos coordinadoras musicales de la estudiantina, que nos hicimos amigas. Éramos un buen equipo. Ella poseía una habilidad musical excepcional producto de tantos años de lecciones de piano. Y yo era empeñosa y testaruda y se me daba motivar a la gente...y perseguirla, porque como se me daba perseguir a la gente para que fuera a los ensayos. Creo que iban para que las dejara de molestar.

También coincidimos en la horrible área II (químico-biológicas) misma que a ninguna de las dos nos sirvió para nada en lo que posteriormente haríamos, y junto con otras dos amigas (las Carlas) nos apodaban el cuarteto galaxia. No sé porque, quizá porque andábamos en la luna. Recuerdo que en las muy escasas horas libres que teníamos, nos íbamos a nuestros recién estrenados coches y nos poníamos a leer algunos libros "prohibidos" que prometían enseñarnos a conquistar y seducir a nuestros hombres. Pienso en ello ahora, veinte años después, y no puedo evitar sentir cierta nostalgia por aquellas adolescentes-niñas que éramos, ansiosas de empezar nuestra vida fuera de la horrorosa y llena de mocos preparatoria.




Por las vueltas que da la vida que va y viene, fuimos colegas. Durante la universidad nos frecuentábamos, pero cada quien andaba ocupada en su nueva vida, con sus nuevos amigos, y con sus nuevos hombres (que ya no eran los mismos de la prepa, se habían ido...aunque en el caso de ella regresaría para darle y darnos una sorpresota). Ambas nos enredamos en el apasionante mundo del psicoanálisis, donde a pesar de su corta edad, destacó y fue reconocida por su inteligencia y talento en círculos donde se necesitan muchos años y mucha experiencia para poder entrar.

Fue una mujer llena de contradicciones: un espíritu libre que perseguía sus sueños, y una profesionista ordenada y eficiente.

Cuando me dio la noticia de su boda (con aquél novio de prepa, reencontrado y revalorado) me dio mucha alegría. A pesar de su liberalismo, yo sabía que había una parte de ella que anhelaba un estilo de vida más tradicional, esposo e hijos incluidos.

Ya casadas, nuestros maridos se cayeron muy bien y hacíamos muchas cosas juntos. Nos fuimos de viaje, organizábamos cenas que el buen Emilio (su esposo) nos preparaba. Hablábamos durante horas acerca de nuestras lecturas y de nuestros pacientes...y viboréabamos a uno que otro dinosaurio psicoanalítico. Fue una época divertida, casi tan divertida como la prepa, pero con más independencia y madurez.

Yo traía unas nauseas espantosas cuando fuimos a ver L.A Confidential. Paulina ya estaba en mi panza y me hacía pasar de las arcadas más horripilantes al hambre más caníbal. Después del cine, traía yo esa rara combinación de estados estomacales, cuando llegamos a su casa. Había una botana de aspecto extraño, que me dijo era como un guacamole con chicharrón. Ingenuamente, le entré a la novedosa botana, para enterarme después que había consumido chapulines traídos directamente de Oaxaca...por poco se la canto ahí mismo. A mis reclamos airados de que mi hijo iba a tener que alimentarse de insectos ella se carcajeaba y me decía "ay Güigua, no te azotes". El resto de la cena fue bastante normal y no menos divertida y agradable que otras veces. Nos dijeron que se iban de vacaciones a Costa Rica en dos semanas y quedamos de hablarnos a su regreso.

No la volví a ver. Estando en Costa Rica un conductor borracho arremetió contra el coche en que viajaban.... y ella murió al instante. Emilio salió herido con una fractura de cadera. Ahí empezó el vía crusis. La familia de ella y de él viajando allá, semana santa con la gente sin trabajar, el viaje de regreso...no quiero ni imaginarlo.

Nos enteramos por una llamada de la prima de Emilio. El velorio, el entierro, el dolor...todo es como una serie de fragmentos que no podría recordar aunque quisiera. Sólo registro haber sentido mucha hambre durante todo el proceso. No pude dejar de sorprenderme de la lección que me estaban dando mi bebé y mi cuerpo: La vida sigue, se abre paso aunque la muerte y el dolor te aplasten.

En cierto sentido, es como si una parte de mí se hubiera ido con Isabel. La parte en la que yo era dueña de mi cuerpo, de mi sueño, de mi tiempo, de mi dinero, de mi trabajo y sólo me preocupaba por mí y por mi futuro. Meses después de la muerte de mi amiga, me convertí en mamá, y no volví a ser la misma. Tengo dos estrellitas que caminan conmigo y cuyo futuro depende, por ahora, de mí. No puedo dejar de preguntarme cómo hubiera sido compartir la maternidad con ella...se que quería tener hijos, aunque a veces su imagen de "mujer liberada" no se lo permitía admitir. Se también que yo hubiera querido a sus hijos como una continuación del cariño que sentía por ella, como me pasa con los hijos de otras amigas. Se que hubiera sido mutuo. Se también que hubiéramos cambiado a Freud y a Klein por pláticas de vómitos y pañales sucios.

Y ahora que una colección de pinturas lleva su nombre, y permanece como su legado en un museo, no dejo de extrañarla como el primer día. Extraño su consejo en este momento que ahora paso, siempre juiciosa e inteligente y también perceptiva y directa. ¿En qué caminos andaríamos, amiga? De algo estoy cierta, nos divertiríamos...eso es seguro.

Felices 38, Chagüela, dónde quiera que andes...

Güigua

4 comentarios:

Miguel Cane dijo...

Viv:

Felicidades, primeramente, por este vuelo inaugural de tu primer blog.

Es un paso que te va a traer satisfacciones y algunas sorpresas.

Dos, felicitaciones también por encontrar una voz narrativa de tan buen timbre. Ahí está, no la estoy inventando. Tiene las cadencias y la imagería que sólo los narradores natos consiguen manejar.

Hace algún tiempo, un amigo me dijo que mi verdadero oficio era narrar(me) la vida.

Estoy de acuerdo. Y ahora me encuentro con la sorpresa de que tú también puedes narrar(te) la vida

Y lo haces muy bien.

Y tres, felicidades extensivas a Isabel.

Puedo decir que soy de los muchos que, en el Museo de Arte Moderno, se han beneficiado de su generoso legado.

Un beso y mi admiración,

M

Claudia dijo...

Me encantan las historias de la vida, las experiencias que se transmiten poder introducirme en la historia como si estuviera ahi. Estuve en tus encuentros con Isabel. Te pude ver con ella.
Te felicito, Isabel sabe que la recuerdas
Claudia Fabiola

Viviana dijo...

Miguel:

Antes que nada, otra vez muchas tenkius por animarme a hacer este ejercicio de autoexploración y autoexpresión. Trataré de nutrirlo y seguir tu ejemplo.

Te agradezco tu comentario inaugural, que aunque me tardé en contestar, sabes que aprecio mucho.

Un beso, y nos estamos viendo por aquí.

Viviana

Viviana dijo...

Fabiola:

Prima ¿Qué te puedo decir? Isabel fue y sigue siendo una de las personas más cercanas a mi corazón. Creo que nunca, antes de su muerte, había sentido realmente un duelo. Eso fue lo contradictorio de ese suceso. Una de las penas más grandes que he tenido se juntó con una de las dichas más grandes...Paulina. Así que ya ves, la vida a veces nos juega esos chistes.

Muchas gracias por tu comentario, y me alegra mucho que te haya gustado este pequeño homenaje a una amiga que no olvido.

Con mucho cariño a tí, al primo y a los sobrinos.

Viviana