martes, 26 de junio de 2007

Ejercicio


La luz que entra en la habitación a través de la ventana, intensifica sus tonos de azul. El olor a humedad me recuerda la lluvia de la que huía hace un momento. Entrar en esta habitación, es como acceder a un refugio. Todo se encuentra dispuesto y limpio: la cama extendida con sus dos almohadas, las telas colgadas en sus percheros. El orden me tranquiliza, me hace pensar en la calma que anhelo. Esta habitación, ahora modesta y sencilla, alguna vez se vio de otro modo. El piso probablemente fue verde como los pastizales del pueblo de mi abuela, donde aprendió a amar los colores y me enseñó a amarlos. Sus paredes quizá fueron de otro color, y reflejaron luces distintas. Sin embargo, por ahora es mía. Mía para recordar a la niña que algún día fuí. Mía para plantearme a la mujer que quiero ser. Mía para adentrarme en sus colores, sus formas y sus cosas. Oler sus paredes, irradiarme en sus luces. Para que, cuando me aleje, su efecto sea mío. Así mi hija conocerá ese verde que olía a pasto y el azul que cambió mi vida.

3 comentarios:

Cuquita la Pistolera dijo...

Qué lindo texto Viviana, me gustó mucho la composición que haces entre texto e imagen
Saludos!!

Güigua dijo...

Gracias Cuquita. Es un ejercicio para una clase que estoy tomando. Más adelante, cuando mi ego no esté tan dañado, les contaré de que se trata.

Un saludo

Viviana

Anónimo dijo...

Mi querida Vivi
El texto provoca sensaciones, te puedes transportar a la escena. ¡Felicidades! DAM